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En el instante preciso - La autobiografía profesional (y algo más) de la fotógrafa Linsey Addario

Lynsey Addario es una fotógrafa norteamericana, nacida en Nueva Inglaterra de ascendencia italiana, que ha dedicado la mayor parte de su vida profesional al fotoperiodismo, especialmente a cubrir regiones en conflicto, incluyendo guerras y revueltas de todo tipo. A lo largo de su carrera ha sido disparada, ha sufrido algún accidente de circulación grave, y ha sido retenida contra su voluntad, o secuestrada según como lo vea cada cual, en dos ocasiones, en una de ellas, en Libia con grave riesgo para su integridad personal.

En el lado de las experiencias positivas, ha recibido varios premios importantes, de los cuales el más famoso es el Premio Pulitzer en 2009 en compañía del conjunto de la plantilla del New York Times, por su cobertura de los conflictos en las regiones fronterizas de Pakistan con Afganistán. A pesar de lo que se lee por ahí en ocasiones, no se le concedió el premio por ninguna de las dos categorías fotográficas que existen.

La fotógrafa tuvo establecida su residencia durante años en Estambul... A medio camino entre Occidente y las zonas en conflicto en Oriente Medio en las que trabajó. Y a Estambul nos vamos fotográficamente para ilustrar esta entrada.

Entre los medios de más prestigio para los que ha trabajado están The New York Times, The New York Times Magazine, Time, Newsweek y National Geographic. Lo cual da una idea de su nivel.

El libro que aquí nos ocupa se titula en el original en inglés de forma distinta que en su edición en castellano para España. <i>It's What I Do</i>&nbsp;(Es lo que hago) no tiene nada que ver con En el instante preciso, oportunista título que pretende asociarlo todo a la filosofía de Cartier-Bresson. Pero que no es de lo que va el libro. Tras unos capítulos en los que la fotógrafa nos cuenta el entorno familiar y social en el que transcurrió su infancia, así como sus primeros escarceos con la profesión en su juventud, se centra en el grueso de su vida profesional que está vinculado a la evolución del mundo tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en lo que la administración encabezada por George W. Bush llamó War on Terror (guerra contra el terrorismo o guerra al terror). Addario desarrolló su trabajo en muchos de los escenarios relacionados con este conflicto armado.

Como periodista, Addario es fotógrafa, no redactora. Por supuesto, tiene un nivel cultural razonablemente alto, con formación universitaria, pero cuando te enfrentas a este tipo de autobiografías siempre te planteas la duda sobre si está escrita por el supuesto autor o por un "negro". No me parece el caso, la sensación global es que es la propia autora, que probablemente habrá recibido las correspondientes correcciones, la que traslada de su puño y letra sus recuerdos, sensaciones y pensamientos. La redacción del libro destila un cierto grado de ingenuidad en muchos de sus pasajes. Incluso, hasta cierto punto, en los más duros y difíciles. En cualquier caso, el libro tiene una estructura de manual. Comienza por relatarnos un episodio reciente e impactante para agarrarte a la historia, que nos deja sin concluir, para luego recurrir a un flashback general recorriendo toda su vida hasta que retoma en su momento ese episodio impactante con el que empieza. Muy típico en los relatos literarios y cinematográficos de hoy en día, especialmente los que proceden de Norteamérica.

Desconozco si se debe al carácter y personalidad de la propia autora, o si es una adaptación a un público general, especialmente el norteamericano, que en general parece recibir mejor este estilo de cierta ingenuidad, que a mí particularmente a ratos me decepciona un poco. Una mujer profesional de sus características, tan bregada durante tantos años en situaciones de conflicto, la imagino algo más dura. Pero puedo equivocarme.

Para dar un tono humano a su historia, va combinando su relato sobre su vida profesional con apuntes sobre su vida privada, especialmente sobre sus relaciones de pareja. La presencia de algún capítulo que exponga la dificultad de conciliar la vida profesional con la de relación me parece justo e incluso necesario. Pero determinados detalles de lo que nos cuenta sobre sus relaciones personales me parecen respetables, pero poco interesantes.

Yo he leído la versión electrónica del libro, y a este respecto tengo que recomendar que si se opta por este medio, se haga en un dispositivo con calidad de visualización elevada, e incluso en color. El libro está ilustrado con una cierta abundancia de fotografías de la propia autora o a la autora, aunque no es un libro de fotografías, que ganan con una correcta visualización.

Aunque he vertido algunas críticas sobre el estilo y el contenido del libro, no nos equivoquemos. El libro es muy interesante, y a mí particularmente me enganchó una vez que pasó sus capítulos iniciales de infancia y juventud, que podrían haber estado más resumidos. Creo que nos cuenta hechos y aventuras profesionales muy interesantes, que nos ayuda a comprender mucho mejor lo que es ser fotógrafo o periodista en general de conflictos, y la sensación que desprende el conjunto es de razonable sinceridad y honestidad. Sin durezas y sin acritudes, no esconde sus críticas a las situaciones que se encuentra y a quienes las provocaron, aunque es una ciudadana norteamericana que se cree su condición. Y es consciente que escribe para un público fundamentalmente norteamericano. Por lo tanto, tampoco esperemos dardos envenenados contra las actuaciones de sus gobernantes en el periodo de tiempo que abarca. Que razones en abundancia hay para lanzarlos. Pero no es eso.

El libro debería interesar al aficionado a la fotografía, pero también a quien se preocupe de cómo funciona el mundo actual. Hay que tener en cuenta que en la actualidad los medios cada vez gastan menos dinero en procurar que estos profesionales hagan su trabajo. Addario es una profesional consagrada y seguramente seguirá su carrera, tirará para adelante, o sabrá reorientarla conforme cumpla años. Pero hoy en día son muchos los fotógrafos mal pagados, mal protegidos, principalmente autónomos, que no saben si podrán vender sus fotografías a unos medios que están tomando derivas muy cutres, en los que una mala foto realizada con un móvil por la que no pagan nada les basta, en lugar de confiar en la mirada de profesionales con criterio que llegan hasta el lugar de los hecho.

Pero son muchas las instituciones destinadas a salvaguardar la democracia y las libertades en el mundo que están en crisis. Y la prensa es una de las que peor deriva lleva.